domingo, 8 de abril de 2012

y tú ¿Con qué te motivas?

¿Qué sería de las escenas de películas épicas sin la música que las envuelve?pues eso, simplemente escenas. Con el deporte ocurre lo mismo. Me vienen a la cabeza numerosos momentos (no solo del deporte español)envueltos en bandas sonoras. La lista sería interminable. Que cada cual elija el suyo. En este post quiero romper una lanza a favor del basket, a veces, relegado injustamente a un segundo plano en favor del poderoso fútbol. Os quiero dejar por aquí un tema del rapero sevillano Tote King llamado NBA. En él se hace un recorrido por algunos de los grandes jugadores de la década de los 80 y principio de los 90 de la liga americana que dejaron a los amantes de este juego con la boca abierta. Es una de mis canciones favoritas de mi play list cuando salgo a correr. A ver que os parece.

Pd:a ver quién hace de detective y me trae a este blog canciones relacionadas con otros deportes. Aunque sean malas!

martes, 21 de febrero de 2012

Le sobraran kilos a Adele pero no Grammys


Cuando escucho música no necesito dos tetas que se muevan y un culo que se contonee. Necesito una canción que me conmueva. Por eso me alegro de los Grammys de Adele. Por su voz y sus canciones.
Con esto no quiere decir que tengamos que hacer una cruzada contra los guap@s del gremio (en los que yo me encuentro, por supuesto) porque disfruto exactamente igual con Adele que con Alicia Keys pasando por Robbie Williams. Pero, ¿Quién dijo eso de “al pan pan y al vino vino”?pues venga señores: la modelo a la pasarela y la cantante al disco.

No vamos a negar lo mil veces evidente: la belleza abre mil puertas (y piernas) profesionales, pero lo que no nos cuentan es por cuánto tiempo.
¿Cuántas div@s de mercadillo han durado dos asaltos? por suerte, a veces, se necesita de “algo” más para mantenerse vivo flotando en la platea. Y cuando hablo de platea me refiero a una platea extensa, que abarca desde la fábrica de extrarradio más recóndita, al plató de televisión deslumbrante.

La música, es otra profesión más y por encima de caras bonitas (qué está muy bien que las haya) no hay que perder el norte.

Así que un olé por Adele.

jueves, 9 de febrero de 2012

CALLE FELICIDAD

Calle felicidad aparqué de madrugada y di una vuelta,
Remolinos de hojas despeinaron las ideas de mi cabeza.

Calle felicidad donde el arrepentimiento da una tregua
Mañana al despertar me estará esperando para saldar cuentas.
He parado los relojes, pero dentro sigue cayendo su arena.

Si hoy bajo al infierno, indúltame algún pecado.
Tendrán que agrandar la sala, no habrá sitio para tantos.
Si me tengo que quemar, que sea aquí.

Calle felicidad siempre hay luz en su portal da igual la hora,
Sabes que va a pasar, tu me esperas, yo espero quitarte la ropa.
Calle felicidad, dos corazones a oscuras, ahora juegan a encontrase dejando en perchas colgadas todas sus sombras.

Me he guardado el derecho de admisión,
No hay conciencia que se atreva a pasar dentro.
El perder el tiempo contigo ocupa ya todo mi tiempo.

Si hoy bajo al infierno, indúltame algún pecado
Tendrán que agrandar la sala, no habrá sitio para tantos.
Si me tengo que quemar, que sea aquí.

Calle Felicidad.

martes, 17 de enero de 2012

Las guitarras no se manchan!

Hace ya tiempo escuché decir a un conocido director de cine, que el Fútbol tenía una gran capacidad de hacer evadir a la gente de todo aquello que le rodeaba. Es cierto, ya que yo no soy seguramente la persona más entendida y aún así cada fin de semana, soy testigo de como millones de personas encuentran en él, el bálsamo perfecto para sobrellevar los desencantos, una ilusión para devolver las ilusiones (muchas veces atrapadas en la tela de araña de la monotonía que envuelve nuestras vidas) la compañía perfecta para esas noches de insomnio con la luz apagada y el reflejo de la lucecita de la radio encendida con el volumen al mínimo para no molestar a nadie.

El Fútbol comparte ese poder con la Música. Cede su templo durante unas horas y en el mismo césped por donde unas botas alcanzan el área, también se contonean unos zapatos de tacón juntos a unas “all star” dando saltos en algún estribillo. Comparten sensaciones, comparten vestuarios con olor a nervios e inseguridades. La música nace en el banco de una plaza y la pachanga callejera también. El acorde serpentea por los trastes como el regate por el parqué. Siempre buscando la mejor jugada, siempre buscando la perplejidad del prójimo haciéndole desear el haber sido el quien tuviera el privilegio de haber creado tan desmesurada hazaña.

Cuantos chavales salen de sus casas a entrenar cada tarde. Cuantos llenan locales de ensayo destartalados construyendo canciones con mayor o mejor fortuna. Todos buscando esa ecuación perfecta en la que el esfuerzo y la constancia son esenciales pero en la que las circunstancias de la vida (llámense destinos, llámense trabajos) truncan o ayudan a dar con el resultado correcto, el exacto, el que todos buscan pero que muy pocos encuentran.

Todo denominador común tiene también su lado oscuro: intereses, envidias, frustraciones (colectivas y personales) Ambos mundos generan y mueven mucho dinero. A veces con tanto ruido de fondo, tanta luz artificial de focos, que no permite escuchar ni ver la esencia real que los envuelve. Necesitan de corazón para poder colorear la parte gris que les viste. Se necesita corazón para una canción, se necesita corazón para una “cola de vaca”, se necesitan.

Que ruede el balón, que suene la música.

AITOR IRASTORZA

miércoles, 11 de enero de 2012

PARTITURAS

Llevaban ya días investigando aquella extraña partitura. Haciéndola pruebas de todo tipo. Los científicos se reunían cada cierto tiempo para comentar si se producía algún avance, pero el caso es que todo seguía igual. No se explicaban como se podía haber compuesto semejante obra de incomparable belleza.
Esa misma noche una de las mujeres que trabajaban en dicho estudio, decidió acercarse de madrugada hasta la playa para dar un paseo.
Al rato de estar allí andando, se percató que una silueta pequeña se movía detrás de las dunas, entre los cañizales. Era un niño pequeño que se aproximaba lentamente. Portaba en sus manos un violín. Al situarse frente a ella lo empezó a tocar. Cual fue la sorpresa de la mujer que las notas que lentamente sonaban eran las mismas que habían estado estudiando tantos y tantos días. -La conoces ¿verdad?-la mujer asintió sin poder gesticular palabra alguna. Al terminar de sonar la pequeña obra, el niño cogió su mano a la vez que el faro con su intensa luz amarilla iluminaba intermitentemente toda la bahía sembrada de veleros. La hizo agacharse y susurrándola al oído la dijo: -no te servirá el microscopio para poder ver lo que hace estremecer tu corazón, esta playa como las del resto del mundo, está tatuada de partituras preciosas, las que compone el mar sobre la arena- Al bajar la marea se percató que había quedado dibujado un pentagrama. Las conchas tenían forma de notas y la clave de sol era una caracola. Se incorporó y se dio cuenta de que el niño ya no estaba.
El sol tímidamente empezó a asomarse sobre el telón de la noche. Una brisa fresca revolvió su pelo como las hojas de un árbol. Echó a andar, convencida de que al día siguiente no volvería al laboratorio. No le haría falta porque sabía donde tendría que buscar para disfrutar de esas canciones sin necesidad de analizarlas.